Ahora es cuando los perros están pletóricos de forma y lo dan todo cazando. Los perreros apuran sus últimas emociones tras reses y cochinos, que se resisten con bravura, devolviendo a las rehalas las carreras eternas con ladras y algarabías de infinita emoción.

Pero los monteros, impacientes, hacen cucamonas por encima de las jaras intentando adivinar qué es lo que trae la ladra, esperando que la carrera rompa por la gatera más tomada de las inspeccionadas a la llegada a la postura. Nadie cierra la boca para no morderse el corazón.

El momento cumbre

Cuando, por fin, rompe el cochino, la cruz al morro, el trallazo seco del rifle y esa seguridad que te da el instinto y que te susurra que se ha llevado el plomo. Aturdido aún por la emoción, te dan ganas de cruzar la raya para ver el resultado del lance, a pesar de que la prudencia te mantiene atado al suelo. Cuando llegan los primeros perros y los ves taramear, tomándose su premio, mordiendo al cochino, ese suspiro es el del triunfo.

Un suspiro queda de temporada, pero, en este suspiro, tú puedes ser el protagonista de esta historia, ¿y con quién mejor que con Huntts?

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